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Tras una notable última entrega, la saga Far Cry retrocede más de 12.000 años para convertidos en líderes de una tribu que lucha por su supervivencia; con una mecánica de juego prácticamente calcada a la de ediciones anteriores, este Far Cry Primal tiene en su original escenario de juego el gran argumento para convencer al jugador. Lo hemos jugado unos días y estas son nuestras impresiones.

Este título nos pone en la piel de Takkar, el único superviente de una mortal cacería que se ve obligado a sobrevivir en un entorno hostil y devolver a su tribu una grandeza perdida. Desde el principio, el juego nos enseña la importancia de aprovechar el entorno y nos animales que lo habitan y siguiendo un suave sistema de progresión (si sois habilidosos os recomendamos empezar al menos en díficil) iremos ganando habilidades que nos permitirán enfrentarnos a retos mayores.

Sin ser un sandbox estricto, Far Cry Primal si da una notable libertad de acción. Más allá de misiones principales y secundarias, tenemos decenas de pequeños retos (misiones aleatorias, recolección de objetos, coleccionables) que nos permitirán sumergirnos en el mundo de Oros durante muchísimas horas; nosotros hemos terminado la campaña en unas 25 horas, pero se puede alargar mucho más en función de vuestra forma de jugar y lo repetitivo que os resulte.

Más allá de los toques de supervivencia y exploración (si desactivamos las ayudas y los mapas podemos potenciar muchísimo este apartado), Far Cry Primal es un gran juego de acción. En esta edición cambiamos el combate a media y larga distancia y los tiros por una lucha mucho más brutal, donde el cuerpo a cuerpo es habitual y dependemos de recursos para conseguir munición. Aunque en niveles bajos se puede jugar “a las bravas” sin demasiados problemas, el título resulta mucho más divertido cuando la dificultad nos obliga a ocultarnos, aprovechar el terreno y despistar a nuestros enemigos.

En el uno contra uno echaremos de menos más variedad de movimiento (uno de esquiva hubiera sido genial) y el motor de impactos tiene algún bug molesto desde el punto de vista situal. La IA brilla por su ausencia y el aumento de dificultad se limita a alterar el daño que nos hacen los enemigos y el que hacemos nosotros; no es algo exclusivo de Far Cry, pero las compañías deberían tomarse más en serio ofrecer una experiencia más pulida cuanto jugamos contra la  máquina.

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El elemento “mágico” característico de esta saga llega en esta ocasión con nuestro poder para domar animales y ponernos a nuestro servicio. Así, sustituiremos los prismáticos por un búho y los vehículos por grandes felinos y osos; además, podemos darles órdenes (ir a una posición, atacar, marcar una zona) para afrontar un combate con cierta dosis de estrategia. Takkar como Señor de las Bestias es, sin duda, uno de los grandes aciertos del título.

Analizando el juego a fondo se nota cómo la desarrolladora ha cuidado los detalles: los menús, la interfaz y los sonidos son realmente buenos, incluyendo la primitiva lengua que hablan y que está subtitulada (Ubisoft recurrió a expertos en lenguas muertas para crear un idioma propio con cierto sustento).

Desde el punto de vista técnico, sin ser sorprendente (hereda el motor de entregas anteriores) si es un soplo de aire fresco en cuanto a dirección artística; aspectos como la paleta de colores, el vestuario de las tribus, el fuego o el aspecto de los animales está realmente logrado y ayuda al jugador a sumergirse en un escenario casi desconocido en el mundo del videojuego. En términos de rendimiento, el motor entrega 30 frames completamente estables en cualquier situación.

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¿Es un título nuevo o un DLC?

En muchas de sus sagas, Ubisoft eleva la máxima “si funciona, no lo toques a su máxima expresión”. Tras unos primeros veinte minutos sobresalientes la historia pierde bastante interés y nos queda un notable juego de acción. Con un ritmo de un juego por año es difícil revolucionar una franquicia y los jugadores habituales de la saga notarán en seguida automatismos y animaciones prácticamente sin cambios. Respecto a entregas anteriores, personalmente he echado mucho de menos a un villano a la altura de Vaas o Pagan Min, de esos que te animan a continuar aunque solo sea por acabar con ellos.

Far Cry Primal no está exento de virtudes: su mapeado es inmenso, resulta muy divertido y técnicamente cumple. Sin embargo, nos quedamos con cierta sensación de una oportunidad perdida por parte de Ubisoft, tan valiente para afronar una ambientación como esta como conservadora a la hora de innovar en mecánicas. Imprescindible si os gustan los Far Cry, muy recomendable para cualquier amante de los juegos de acción.

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